Como si se tratara del lanzamiento de un penalti en el último segundo de juego efectivo de un partido, en el que, si el tirador marca, gana la competición un equipo y, si falla, resulta vencedor su adversario, todo el mundo está pendiente de lo que dirá Pedro Sánchez el lunes.
Sánchez es sin duda un regateador muy hábil, capaz de salirse de tres o cuatro oponentes altos y cuadrados que le rodean haciendo uso de malos modos. Es también un extraordinario lanzador de penaltis, de tal forma que si la media de transformación de penas máximas es del 80% él se sitúa en el 95%.
Pero los contrarios pueden quitarle el balón y él puede fallar el penalti. Ser muy hábil no significa ser infalible, cualidad que no existe en el mundo humano.
No voy a entrar ahora a hacer algo que ya se ha hecho mucho estos días, que es analizar cuáles son las opciones de Sánchez a la hora de lanzar el penalti o si esta falta fue real o el muy diestro delantero la fingió engañando al árbitro y al VAR.
Me centraré no en un jugador en concreto, Pedro Sánchez, o en las jugadoras de cada equipo, se llamen Yolanda Díaz, María Jesús Montero, Feijoo, Isabel Díaz Díaz Ayuso o Felipe de Borbón, sino en las dos aficiones enfrentadas.
Continuaré la broma llamando a la afición que quiere que Sánchez meta el gol “Left Suporters” y aquella que quiere lo falle “Right-wing Hooligans”. Izquierdas y Derechas.
La Derecha, los Hooligans, extiende su influencia a casi todo: la riqueza y el poder económico; los grandes medios de comunicación; el aparato judicial y en particular su alta jerarquía; el ejército y las fuerzas de seguridad del Estado; parte importante del alto funcionariado del Estado y, finalmente, por si todo lo anterior no fuera suficiente, el Jefe del Estado, es decir, el Rey, la Corona.
La Izquierda, los Suporters, se tiene sólo a sí misma. Por eso le roban partidos, silban faltas inexistentes a sus jugadoras, le ponen malos horarios para jugar los partidos, los medios de comunicación les difaman y dicen mentiras sobre ellas. Un desastre. Por eso el autoritarismo, el fascismo y el sadismo político y social ganan terreno.
Bien, si queremos ajustarnos a la realidad, deberemos señalar que las Suporters tienen a su alcance herramientas de las que no hacen uso porque los Hooligans les han adormecido el cerebro y les han hecho ver que no existen.
Una de estas herramientas ocultas es su masividad. Realmente los Suporters son muchísima más gente que los Hooligans, aunque, ante su pasividad, una parte de ella se ha pasado a los Right-wings. Pero esto es reversible.
La segunda herramienta escondida se deriva de la primera. Como son tantos, los Suporters pueden detenerlo todo o, mejor dicho, pueden llevarlo en la dirección que deseen. Una dirección que les sea favorable.
El tercer instrumento es que disponen de un conocimiento y unos valores atesorados a lo largo de mucho tiempo. Esto incluye la capacidad de ser solidarios, fraternales y compasivos entre sí mismos, de trabajar para el bien de todos y del propio planeta, de ser creativos y de organizarse para hacer todo lo anterior.
Lo volveré a repetir, las Suporters están medio dormidas y piensan que todo esto no existe. Pero no es verdad. Existe. Son capacidades reales.
La disputa que se tendrá que librar durante los tiempos que vienen no será básicamente institucional o parlamentaria, será social y se desarrollará en el terreno cívico, en las calles de pueblos y ciudades, a través de los movimientos de masas, en el interior del universo de los grandes cambios, dentro del caldero alquímico de las transformaciones sociales épicas.
Dicho todo lo anterior, espero que Sánchez meta el penalti.


