Hoy me ha dado por pedir al ChatGPT qué porcentaje de la riqueza en manos de la gente rica se necesitaría para asegurar la alimentación, la salud y la educación de la población mundial.
La educada GPT me ha contestado, como no podía ser de otra forma, que ésta es una tarea compleja, pero que haría una estimación. Y la ha hecho.
Me ha explicado que según datos del Programa Mundial de Alimentos (WPF), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la UNESCO se necesitarían unos 449.000 millones de dólares anuales.
También dijo que si consideramos que el 1% más rico del planeta posee alrededor de 200 a 225 billones de dólares de riqueza, el porcentaje necesario sería del 0,225%. Necesitamos una miseria para dejar de ser miserables
He quedado algo asombrado y comprobaré que no se trate de una “alucinación” del GPT. Pero no tiene pinta.
Resulta que la acumulación en manos de poca gente y la cantidad de esta acumulación son de tal magnitud que exceden nuestra comprensión «inmediata». Que son “contraintuitivos”, vamos.
Si en esta “compleja” labor de cálculo ha habido errores, es comprensible. Pero si en lugar del 0,225% nos fuéramos al 2,25% la animalada seguiría existiendo igual.
Mientras esto es así, una parte de la gente da la culpa de su situación y de la del mundo a inmigrantes, islamistas, zurdos y otros fantasmas generados por el miedo y la irracionalidad.
Hemos llegado hace unos días a los 31,87°C en la boya de Dragonera, situada en la costa oeste de Mallorca, superando el anterior récord de 31,36°C del año 2022. Además, la temperatura media de la superficie del Mediterráneo alcanzó los 28,15°C el 10 de agosto de 2024, el valor más alto desde que se tienen registros. Estas temperaturas extremas no son sólo preocupantes para los ecosistemas marinos, sino que también pueden desencadenar fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas más intensas y lluvias torrenciales en zonas costeras.
Estos incrementos de temperatura se han producido en un contexto de rápido calentamiento global, con el Mediterráneo calentándose un 20% más rápido que la media mundial.
Sí, y la culpa la tienen los inmigrantes, los islamistas y los zurdos.
Pero la experiencia nos demuestra que ante la irracionalidad enconada de poco valen los razonamientos y las campañas “educativas”. Sólo funcionan, simplificando un poco, pero no tanto, las medidas concretas (proporcionar trabajo en condiciones a quienes no tienen o vivienda a las que no puede acceder); las movilizaciones constantes y potentes (como las contrarias a la masificación turística); y generar un espacio de futuro dentro de la Ecotopía al que dirigirse (que supone levantar un modelo económico, social y cultural muy diferente al actual).
Todo esto se debe ir haciendo y trabajando. Y yo no desespero que el futuro nos traerá sorpresas positivas cuando mucha gente se dé cuenta, por la fuerza de los hechos, de lo que nos cae encima. Y que, yo el primero, preferimos no ver,


