Elecciones europeas, ¿un partido perdido que no es la liga?

Si se analiza la situación política actual en Europa y en particular las tendencias electorales, parece que existen pocas dudas del ascenso de la extrema derecha que significarán las elecciones del 9 de junio.

Con poca memoria histórica (o con mucha, según se mire), la derecha europea, por boca de la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen ya ha expresado su voluntad de pactar con el fascismo “si fuera necesario para formar una mayoría en el parlamento ”.

En los años veinte y treinta del pasado siglo, los pactos de la derecha con las formaciones fascistas precedieron a la toma del poder absoluto por parte de éstas. Parece que a la derecha no le importa demasiado repetir la experiencia. Esto no tiene nada de extraño, ya que su prioridad es asegurarse de que los débiles del mundo son aplastados, sean gente palestina en Gaza, gente inmigrante que quiere venir a Europa o gente de Europa despojada (la mayoría, no nos engañamos).

Es un error pensar que la victoria del fascismo es algo inevitable. Sí, triunfó en el pasado con todas las consecuencias de miseria y muerte que conocemos pero no está escrito que triunfe ahora.

Hay un puñado de acciones que, si se llevan adelante, tropezarán mucho con una posible victoria suya y que en los años del ascenso fascista del siglo pasado no se desarrollaron o se hicieron de forma imperfecta. Por citar algunas de las más importantes: la unidad de las izquierdas frente al fascismo; la defensa y desarrollo de la democracia; la solución de las necesidades económicas y sociales de las mayorías; la defensa de un nuevo modelo de sociedad distinto del capitalismo y estimulante; una comunicación y una propaganda eficaces; la movilización masiva en defensa de los intereses y derechos de las mayorías; hacer frente a la violencia política y física fascista; y desarrollar un internacionalismo antifascista solidario.

Ahora mismo tenemos ejemplos de actividades, lejanas y cercanas, que se están desarrollando en la dirección citada: la movilización mundial contra el genocidio en Gaza; las movilizaciones en Canarias o en nuestro país contra la masificación turística; el triunfante último Correllengua en las Islas; las protestas contra la violencia fascista en la acampada universitaria…

Todas estas intervenciones, aunque aparentemente no se dirigen de manera directa contra el fascismo sí obstaculizan y mucho su desarrollo. De hecho, el crecimiento fascista se hace fuerte sobre la pasividad y el desencanto y se debilita ante la acción firme y la ilusión.

Deberíamos dejar de mortificarnos con la idea de la dificultad de hacer frente al fascismo o de la casi inevitabilidad de su nueva victoria y pasar a la acción como ya estamos empezando a hacer.

Diría yo que éste es el camino a seguir.

En las elecciones europeas haremos lo posible por salir adelante. Pero si nos sale mal no se preocupe, como dicen los entrenadores de fútbol “queda mucha liga”. Y la liga la ganaremos nosotros.